El inicio de un nuevo año suele traer consigo una energía particular. No es solo un cambio de calendario: es un permiso simbólico para arrancar.
Hay algo en los comienzos que nos prende fuego por dentro. Enero, cuaderno nuevo, ideas que brillan, promesas que parecen posibles. Nos entusiasma la idea, el “¿y si…?”, la primera página, el primer paso.
El 2026 además, arranca con energía de año 1: (2+0+2+6 = 10 → 1+0 = 1) lo que significa principio, arranque, movimiento y posibilidad.
Nada nuevo para quienes somos multipotenciales, empezar es casi nuestro estado natural. Pero para muchas personas, cada año, esto se vive como una oportunidad de resetear algo.
Empezamos proyectos, ideas, nuevas versiones de nosotr@s mism@s. Y hasta ahí todo buenísimo! El problema aparece cuando empezamos sin preguntarnos desde dónde.
Porque no es lo mismo empezar desde el deseo que para tapar un vacío. No es lo mismo la curiosidad que la urgencia. No es lo mismo la ilusión que la necesidad de sentir algo ya.
Los comienzos entusiasman. Eso es real.
La novedad activa dopamina. Todo parece más fácil antes de que aparezcan: el tiempo, la repetición, el esfuerzo sostenido y la falta de resultados inmediatos. Cuando eso pasa, algo se cae, y solemos sacar conclusiones rápidas: no era para mí, me volví a equivocar, siempre empiezo y no termino nada. Y puede ser, si! pero no siempre es verdad. A veces lo único que se terminó fue el subidón inicial.
Para las personas multipotenciales, ese subidón es familiar: nos enamoramos de la idea, entramos con intensidad, aprendemos rápido y cuando la novedad se apaga… aparece la duda. Ahí es cuando solemos confundir dos cosas muy distintas...
No todo comienzo nace del mismo lugar. Hay inicios que vienen del deseo genuino, de la curiosidad, la expansión, de una inquietud auténtica. Aunque después cueste sostenerlo, algo adentro te dice “esto tiene sentido, seguí que es por acá"
Y hay inicios que nacen del vacío, de querer tapar una sensación incómoda: aburrimiento, comparación, falta de rumbo, soledad.
En esos casos, la decepción no tarda mucho tiempo en aparecer. La diferencia no se nota el primer día, se nota cuando baja la espuma.
Empezar distinto
Tal vez la propuesta de este año 1 no sea empezar más cosas, sino empezar con más honestidad. Con mayor conciencia y más autenticidad.
Tener conciencia desde dónde arrancamos implica también aceptar cómo arrancamos: con dudas, con ritmos irregulares, con avances y retrocesos. No desde la fantasía del proceso ideal, sino desde el proceso real que podemos sostener.
Menos promesas vacías y más claridad sobre desde dónde nace cada impulso.
Empezar distinto puede significar tener una mirada un poco más compasiva: entender que cambiar de idea no siempre tiene que ver con huir, y que quedarse no siempre es rigidez ni miedo a cambiar.
El mejor regalo que podemos hacernos, creo yo, es trabajar en conocernos y aprender a leernos mejor. Por eso, antes de empezar algo nuevo, te propongo frenar un poco y hacerte algunas preguntas:
¿esto nace del deseo o de la incomodidad?
¿estoy empezando para expandirme o para tapar algo?
¿qué estoy buscando en este comienzo: sentido, alivio, dirección, distracción?
¿me acerca a mí o me aleja un rato de lo que no quiero mirar?
¿esto me cuida o me exige? ¿me expande o me drena?
¿lo quiero de verdad o lo necesito para sentirme mejor ahora? ¿estoy dispuest@ a sostenerlo cuando ya no sea novedad?
No para responderlas todas hoy, ni para resolver nada ya. Solo para correrse un segundo antes de arrancar y empezar desde un lugar un poco más consciente, más propio, más real.
¡Feliz comienzo! que este nuevo inicio traiga todo aquello que cada un@ necesite para evolucionar.
Tatiana Letto